
Durante los años noventa muchos jugadores descubrieron Metal Gear a través de NES o Metal Gear Solid, sin saber que existía una secuela auténtica, canónica y revolucionaria exclusiva del MSX2: Metal Gear 2: Solid Snake (1990). Un título adelantado a su tiempo que pasó prácticamente desapercibido fuera de Japón para el público mayoritario, si bien los aficionados al MSX deseábamos el poder jugarlo algún día, por lo que cada noticia que llegaba desde Japón era recibida con mucha expectación.
Lo sorprendente es que este juego de 8 bits ya tenía muchas de las ideas que más tarde definirían al postrero Metal Gear Solid para la consola PlayStation: el radar, la importancia del sigilo, la llave que cambia con la temperatura, los códigos escondidos en el manual, el enfrentamiento con Gray Fox o los mensajes sospechosos de Master Miller. Todo esto no eran simples conceptos preliminares sino que estaban perfectamente implementados en MSX.

Además, Metal Gear 2 introdujo mecánicas únicas que nunca llegaron a PlayStation: guardias que se distraen con el himno nacional, raciones que se congelan, un huevo que eclosiona en un reptil que devora tu inventario o un búho que engaña a los soldados haciéndoles creer que es de noche.
Konami exprimió el MSX2 al máximo, logrando una experiencia fluida, profunda y sorprendentemente moderna. Lo que debería haber sido un juego limitado por su hardware se convirtió en una obra maestra que aún hoy se siente fresca y accesible.
El redescubrirlo en la Master Collection confirma lo que muchos no pudieron ver en su momento: Solid Snake es el verdadero puente entre el MSX y la era moderna de la saga. Los más viejos del lugar ya lo supimos a principios de la década de los noventa del siglo pasado. ¡Buf, cómo pasa el tiempo!
Sin duda, este juego es un clásico que merece ser jugado, celebrado y reivindicado. Para saber más sobre él, os recomiendo leer el artículo que os enlazo a continuación:
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